Carlos V

Carlos V

En el año 2000, tuvo lugar el quinto centenario del nacimiento del emperador Carlos I de España y V de Alemania, cuyo reinado trascendental, por los acontecimientos claves que en él acaecen, va a configurar ideológica y políticamente a la Europa de la Edad Moderna.

Testimonio Compañía Editorial, se sumó a los acontecimientos culturales que en el ámbito nacional e internacional se celebrararon con ocasión de tan señalada efemérides abriendo una colección, que, bajo el título El imperio de Carlos V, aspira a hacer llegar al público, mediante el facsímil más exacto, los documentos originales del Emperador y de otras personalidades de su tiempo que marcaron el devenir de España y de Europa en el siglo XVI, y también preciosos manuscritos de la época como muestra del ambiente cultural y religioso que envuelve al Emperador.

Educado en Flandes, Carlos V llega a España pensando como un extranjero, puesto el corazón en la consecución de la Corona Imperial. La dolorosísima guerra de las Comunidades y el leal servicio de sus súbditos hispanos en las empresas imperiales le hicieron sentirse tan español, que llegó hasta el extremo de dirigirse al papa en una audiencia solemne hablando en español y no en el internacional latín.

España se moderniza durante su reinado y se convierte en la gran potencia militar europea. En el Nuevo Mundo se conquistan los imperios azteca e inca y empiezan a afluir los metales preciosos, que, en parte, van a permitir la financiación de la política exterior del Emperador, orientada hacia dos objetivos primordiales: defensa del catolicismo frente a un protestantismo que se extiende rápidamente animado también por connotaciones políticas, y defensa de la Cristiandad frente al Islam otomano y norteafricano, centrada en conseguir seguridad en el Mediterráneo occidental mediante la ocupación de plazas del litoral del Norte de África.

 De las intensas relaciones con las naciones europeas –Francia, Inglaterra, Italia, etc.–, una especial atención merecen las mantenidas con Portugal, que siguen en todo la política de fraternidad propiciada por los Reyes Católicos. Casa, en efecto, con su prima la bellísima Isabel de Portugal, y fruto del matrimonio nacerá Felipe II. Mediante la vía de la concordia se resolvió la presencia española en las Molucas, originada por el famoso viaje de Magallanes y Elcano dando la vuelta al mundo, y de la que Portugal protestaba por entender que aquellas tierras le correspondían en virtud del Tratado de Tordesillas; tras un debate científico de gran altura entre astrónomos y marinos en las juntas de Elvas–Badajoz, el Maluco quedó para la nación hermana por el Tratado de Zaragoza.

Por reflejar los pensamientos íntimos del Emperador en muchos temas de alta política tienen un especial interés su testamento y la correspondencia epistolar e instrucciones que mantiene con su mujer y con su hijo durante las frecuentes y largas ausencias de España, que se vio obligado a hacer con motivo de su participación personal e inmediata en los graves conflictos europeos de su tiempo. Los libros de rezo y lectura piadosa que tuvo el Emperador entre sus manos, algunos de los cuales se guardan celosamente, como verdaderas joyas, en la Biblioteca de El Escorial, pueden también acercarnos a comprender a una de las personalidades que, tras su paso por la Historia, más han contribuido a dar forma a España y a la vieja Europa.

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